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El Estado de Bienestar sólo puede ser exitoso cuando existen excedentes financieros  reales no procedentes del crédito o del déficit público para que pueda sembrarse un beneficio en el largo plazo que no se le cobre a las generaciones futuras.
Carlos Chavarria
Agosto 6, 2017, 9:36 am

La crisis que vive Venezuela debe su origen a la terquedad de mantener el Estado de Bienestar sin haber preparado a la economía en su conjunto para aumentar y diversificar su PIB a la par del aumento en las demandas de gasto social que se asocian al concepto de un “Estado de Bienestar”.

Todas las crisis políticas de Venezuela se encuentran relacionadas con el auge y caída de los precios del petróleo.

No sólo Chávez y Maduro han practicado las tesis del Estado de Bienestar, también los anteriores presidentes venezolanos, como otros mexicanos (Cárdenas, Echeverría, López Portillo, López Mateos, etc.), han aplicado las tesis del estado distribuidor, y les ha ocurrido el mismo desenlace debido al monstruoso déficit público que han ocasionado.

El Estado de Bienestar pretende aplicar una política de solidaridad mínima,  garantizando a todos los habitantes el acceso a un ingreso y servicios sociales considerados como una “renta básica” y que lograrlo debe ser una tarea del gobierno.

Gran error, el gobierno no  es bueno repartiendo bienestar, es demasiada la tentación de usar el gasto social como acicate electoral, como tambien asimilar el costo de las “ineficiencias en la repartición”, vulgo, “uno para ti, dos para mí”.

Fox y Calderón en Mexico, gracias a los altos precios del petróleo, pudieron sostener un gasto social impresionante sin elevar el déficit público. Situación que se revirtió con Peña, cuando al inicio de su mandato se desplomó el precio del petróleo y se vio obligado a reducir el gasto social.

López Obrador insiste en el mismo asunto de aplicar el Estado de <bienestar y pretende financiarlo con los ahorros derivados de acabar con la corrupción.

Comete el mismo error de Chávez, Maduro, Fox y Calderón, la riqueza primero debe crearse para poder después distribuirla. La riqueza sólo aumenta cuando la productividad de un país se eleva, esto es, cuando se produce más con cada vez menos insumos. La riqueza no aumenta cuando aumentan los precios relativos. Si existe algo sucio en la economía son los precios.

Aumentar la productividad de manera constante a lo largo del tiempo, demanda eliminar todas las trabas a la creatividad y a inversión, esto es, desregular la economía de forma profunda, así como la creación de capital humano a partir de la creación e internalización masivas del conocimiento en la sociedad.

Debe cuestionarse al Estado en todos los renglones y eliminar aquellos que sólo son un estorbo a la actuación de la sociedad. Todo ello liberará los recursos financieros que se requieren para invertir en tecnología, infraestructura, y financiamiento para el desarrollo.

El Estado de Bienestar sólo puede ser exitoso cuando existen excedentes financieros  reales no procedentes del crédito o del déficit público para que pueda sembrarse un beneficio en el largo plazo que no se le cobre a las generaciones futuras.

Mientras tanto, ¿qué hacemos con los pobres?.

Aún resuena en mis oídos aquel cínico perdón de López hacia los pobres de México, como la profana imagen de Fox besando un crucifijo en su toma de posesión como presidente.

El perfil de la pobreza rural, con mucho el segmento más grande, está asociado al caciquismo ancestral que domina los usos y costumbres de las regiones.

Al gangsterismo caciquil sólo se le puede enfrentar con la educación y la fuerza protectora del Estado que asegure que los fondos destinados a desarrollo social lleguen a los destinatarios identificados.

En las zonas urbanas no es muy distinto el fenómeno, sólo que monopolizado por el corporativismo en todas sus formas y modalidades y administrado por los gobiernos de turno.

Todos los encarrerados para algun puesto público hablan de los pobres, pero ninguno apunta una sola acción concreta, no clientelar, para aminorar la difícil situación de esa mitad de la población.

Los miserables políticos mexicanos se han convertido en el mejor aliado para perpetuar la pobreza y el tutelaje de la comunidad empobrecida.

 
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