Enriqueta Cabrera
Periodista y analista de temas internacionales
EL UNIVERSAL
Dicen que fue una movida electoral de Obama para ampliar su base en el voto latino. Muy posiblemente, pero lo que importa para los estudiantes jóvenes indocumentados hoy y mañana trabajadores, es que la medida anunciada por Barack Obama de impedir su deportación, les permite salir de la oscuridad, representa un alivio. Aunque sea pasajero porque la medida administrativa tendrá una corta duración de dos años, beneficiará a los jóvenes que llegaron indocumentados menores de 16 años y a los que tienen ahora hasta 30.
La medida adoptada por Obama cimbró el escenario electoral estadounidense, en el que cuenta y pesa el voto latino. Hace tres lustros representaba apenas 2% de los votantes, hoy es 9%, nada despreciable en una elección cerrada como la que se avizora, sobre todo porque Obama tiene el problema del empleo que se recupera a un paso sumamente lento y una perspectiva difícil para la economía en los próximos meses por la crisis de la zona euro. Contribuía a trastornar el escenario electoral también el senador Marco Rubio, republicano que impulsaba una iniciativa en el Senado del Dream Act. Todo esto sacó de balance al candidato republicano a la presidencia, Mitt Romney, cuyas posiciones antimigrante se habían ido debilitando.
Pero, el paso dado no sólo corresponde a la voluntad de Obama o a una cuestión electoral, porque finalmente el presidente lo dio empujado por un movimiento social de jóvenes —indocumentados en su mayoría latinos— que se extendía con cada vez mayor contundencia por diversas universidades y ciudades de EU. Con anterioridad Obama no había dado un solo paso en favor de los indocumentados, que son ya más de 8 millones, tampoco para impulsar la reforma migratoria a la que se comprometió en 2008 y hoy está estancada. Al contrario, los tres años del gobierno de Obama se han caracterizado por ser los de mayor número de deportaciones: 1.1 millones de indocumentados. Deportaciones que alentaron leyes antimigrantes lo mismo en Arizona que en Alabama y que en otros muchos estados. Lo que Obama se ha encargado de dejar claro es que no se trata de la legalización de indocumentados ni de una amnistía, sino sólo de una medida transitoria.
Los dreamers venían dando pasos muy importantes. Jóvenes indocumentados en las universidades comenzaron a destaparse, superando el miedo de ser indocumentados. Ganaron el apoyo de la mayoría de sus compañeros universitarios, de las familias latinas, de grupos que trabajan en favor de los derechos de los indocumentados y de los derechos humanos, cuentan con una red importantísima de abogados en apoyo de su situación y de su causa. Han abierto espacios impensables hasta hace pocos meses en los medios en los que se publicaron sus historias y se comenzaron a tejer redes de simpatía.
Tres cuestiones quedan planteadas tras el debate que despertó la medida tomada por Obama: (1) La incertidumbre sobre si la no deportación de estudiantes indocumentados acerca la posibilidad de una reforma migratoria integral o si la aleja. (2) ¿Qué pasará en dos años? Si se renueva la medida o si por el contrario los grupos y medios antimigrantes logran que se dé marcha atrás después de una campaña sucia. (3) Y lo que espera a los dreamers tras los resultados electorales, si gana Obama o si gana Romney. En EU la extrema derecha a la que se ha afiliado el Partido Republicano ha avanzado y sus posiciones racistas son un enorme peligro para la convivencia de los inmigrantes, indocumentados o no.
Por lo pronto, según diversos cálculos, podrían verse beneficiados alrededor de 1.4 millones de jóvenes indocumentados, 1.1 millón son mexicanos


