La Carpeta:
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Soy propietario de un coche, y hace unos días recibí una carta del gobierno del DF en la que amablemente me anuncian que se me otorgará un subsidio del total de la tenencia: mil 339 pesos. Hubiera preferido que el regalo fuera útil para toda la ciudad
Staff
febrero 3, 2012, 7:03 am
Cronista de Guardia

Andrés Lajous

EL UNIVERSAL

Este texto lo escribo, primero que nada, para agradecer a los habitantes de la ciudad de México por el regalo que me acaban de hacer.

Sé que no me lo merezco, pero también sé que el gobierno federal y el local decidieron que sería una buena idea regalarme dinero a partir de este año.

Soy propietario de un coche, y hace unos días recibí una carta del Gobierno del Distrito Federal (GDF) en la que amablemente me anuncian que se me otorgará un subsidio del total de la tenencia: mil 339 pesos.

Hubiera preferido que el regalo fuera útil para toda la ciudad y no sólo para mí. Un ejemplo que se me ocurre es la construcción de la Línea 5 del Metrobús que fue cancelada hace unos días, porque el gobierno de la ciudad no tiene los 850 millones de pesos que cuesta construirla.

Hoy, en cambio, el GDF gasta más de 5 mil millones de pesos del presupuesto local en darnos un amable regalo a los propietarios de autos.

Quienes tomaron la decisión de obsequiarnos dinero a los automovilistas, sin duda tienen que ser muy valientes. En la Zona Metropolitana del Valle de México alrededor de 80% de los viajes no se hacen en automóvil, y casualmente el regalo que beneficia al 20% que sí lo hace, a su vez se concentra entre quienes más ingresos tienen.

Casi 70% de la tenencia, según datos de la Secretaría de Hacienda, lo pagaba el 20% más rico de la población. En este país, dar un regalo concentrado en el 20% más rico de la población tendría que, o ser un escándalo, o por lo menos una pieza clave en la distinción entre los gobiernos de izquierdas y de derechas. Para ensalzar su valentía vale recordar que el gobierno federal también regala dinero a quienes compran autos a través de la exención del impuesto sobre autos nuevos.

En 2011 regaló cerca de mil 700 millones de pesos en este impuesto, aún más concentrado, pues 70% lo paga el segmento (10%) más rico de la población. Esto sin contar el subsidio a la gasolina, que pese a distribuirse mejor, más de 50% lo captura el 30% con mayor ingreso según al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Me pregunto ¿cómo harán los panistas y los gobiernos del PRI y PRD en 13 Estados de la República donde se subsidia la tenencia para salir a campaña y decir:

“Tomamos una gran decisión, con el presupuesto general pagamos un regalo para quienes son dueños de un coche”? Por eso los imagino valientes, porque enfrentar así a la mayoría de la población que se mueve en autobuses, metro, peseros, colectivos y taxis, no es cosa menor.

Sé que muchos de los automovilistas que leyeron hasta aquí estarán enfurecidos. Dirán que la tenencia se inventó en 1968 para pagar las Olimpiadas.

Sin embargo, ese mito de la tenencia ya ha sido bien documentado por Gerardo Esquivel (http://bit.ly/p0XXLJ). En diciembre de 1961 se incorporó a la Ley de Ingresos, antes de que México siquiera presentara su candidatura como sede de las olimpiadas de 1968. La argumentación de la Ley del Impuesto sobre Tenencia y Uso de Vehículo de 1962 “tampoco hacía alusión alguna a ninguna supuesta temporalidad o financiamiento de algún evento en específico” y más bien es producto de lo obvio: la infraestructura para automóviles cuesta, y alguien tiene que pagarla (i.e 75% del gasto en transporte del Fondo Metropolitan 2006-2010 se gastó en automóviles. ITDP, 2011).

A los argumentos sobre el costo de la infraestructura para automóviles, hoy le podemos agregar lo indeaseable que resulta el uso excesivo de automóviles por sus consecuencias ambientales y urbanas: tráfico, contaminación y destrucción del espacio público.

Hoy ni el gobierno federal, ni los gobiernos estatales parecen tener una política consistente de reducción del uso del automóvil. Todo indica lo contrario: por ejemplo los pasos a desnivel y segundos pisos se van replicando por todo el país.

Por eso, lo mejor que podemos hacer quienes recibimos este injusto regalo (claro, si lo creemos injusto), es donarlo a organizaciones civiles que están promoviendo un cambio en las prioridades de gasto de los gobiernos. El ITDP, el CTS, Haz Ciudad, y Bicitekas, entre otras, se dedican a presionar a los gobiernos para que gasten más en transporte público de calidad y espacio para bicicletas, y menos en regalos para automovilistas.

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