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Muestra clara del nivel de impunidad y de falta de valores que vivimos es el incidente de ayer en el que el portero de los Rayados del Monterrey, Jonathan Orozco, llamó en su cuenta de Twitter a los reporteros “imbéciles”.
Francisco Tijerina
enero 5, 2011, 7:30 am

Muestra clara del nivel de impunidad y de falta de valores que vivimos es el incidente de ayer en el que el portero de los Rayados del Monterrey, Jonathan Orozco, llamó en su cuenta de Twitter a los reporteros “imbéciles”.

Puede que Orozco sea muy buen portero, pero en otro tiempo, con todo y lo bueno que fuese, ya le habrían cortado la cabeza y lo habrían despedido de su trabajo por sus pésimas formas. Sí, puede ser campeón de lo que quieran, pero no deja de ser un deportista más, como muchos otros, al que se le han subido los humos y que cree que su posición le da un nivel por encima del resto de los mortales.

No se trata, no, de una defensa gremial a mis compañeros de profesión, se trata de la desfachatez con la que un tipo que no tiene más oficio que jugar al futbol se refiere a profesionales de la comunicación.

Orozco, muy extrañado y ofendido por las reacciones que causó su comentario en la red social, todavía pretendió dar cátedra y quiso aparecer magnánimo al ofrecer regalar unos guantes a quien le dijese el significado de la palabra “imbécil”.

Si alguien escribe “Aquí, en la sala de prensa, esperando a estos imbéciles”, no puede haber duda de que se está refiriendo a los reporteros. ¿De dónde se extraña Orozco de la reacción?

Lo que resulta por demás triste es que ni el capitán del equipo, ni el entrenador, ni los directivos, salgan a imponerle un correctivo ejemplar a este barbaján que tiene aires de grandeza. La afrenta no es sólo a los reporteros, sino a los aficionados que le siguen y a la ciudad entera.

Desconozco si el portero rayado haya cursado alguna carrera profesional, no lo sé y no me importa, pero de lo que sí estoy seguro es de que carece de formación, de valores, de disciplina, de un entendimiento básico en lo que se refiere a la necesaria e importante relación que debe tener como profesional del futbol con los medios de comunicación y de las implicaciones que sus torpes palabras pueden llegar a tener.

Hay que ser bastante imbécil, ahora sí utilizado el término con toda propiedad, para referirse así a los representantes de los medios de comunicación y agenciarse un mal ambiente que difícilmente desaparecerá, haga lo que haga el señor portero.

Tiempo y trabajo le costará a Orozco quitarse la mancha de encima. Al primer error que cometa en la cancha los periodistas no dudarán en tildarlo de “imbécil” y le van a formar un ambiente que terminará, tarde o temprano, en impactar en su desempeño y con ello vendrá, irremediablemente, su salida del equipo, si no es que terminan retirándolo del futbol profesional.

Y todo por un comentario estúpido en el Twitter.

Es una pena que estas cosas ocurran, pero es la realidad en la que vivimos, la inversión y en muchos de los casos la desaparición de una escala mínima de valores y convivencia; un sentido de impunidad que a muchos les hace pensar que están por arriba del resto de los mortales y que no deben dar cuenta de sus actos.

Ahora sí, se impone la solidaridad del gremio para exigirle a la directiva un castigo ejemplar. Si se dejan, a partir de aquí cualquier jugador les podrá insultar como y cuando quiera. Esperemos, a ver quién resulta más imbécil.

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