Terlenka
Por Guillermo Fadanelli
EL UNIVERSAL
Si la rebeldía no lleva consigo una mínima dosis de inteligencia, reflexión o toma de postura corre el riesgo de derivar en dogmatismo, círculo vicioso o en romanticismo ridículo. Cuando en las primeras letras de El hombre rebelde, Albert Camus escribe que el rebelde dice “no” pero que esa negación no implica la renuncia, pone en su justa dimensión la diferencia que existe entre la rebeldía y la propia necesidad de destruirse. El marchar a contra corriente como principio moral es legítimo y en muchos casos necesario, sobre todo cuando se vive en un campo de batalla y hay que mantenerse alerta. Dudar de todos y de todo es una estrategia para prevenir la catástrofe y atenuar los daños que causa en el ánimo la corrupción y la mentira. La diatriba se presenta cuando la duda da lugar a una negación que se torna a su vez acción ensimismada y panfleto metafísico, cuando la conversación se da por terminada y el otro es considerado culpable a priori.
Como toda abstracción universal la idea del punk (anarquismo de vena estética o vanguardia destructora de mitos) no se agota en una definición de diccionario, ni en la especulación o reflexión de un concepto. Para completarse tiene que acudir a la historia de los artistas que se han llamado a sí mismos punks. No existe definición sin ejemplos. Por otra parte, el punk puede pensarse como tradición de un espíritu en movimiento que de la misma manera es capaz de afectar a un panadero que a un músico.
En El banquero anarquista de Fernando Pessoa, un banquero demuestra por medio de la argumentación y la razón que a diferencia de los pone bombas él sí que es un verdadero anarquista. No es la indumentaria, la música, el arte que suscriban o los manifiestos personales lo que da ánimo al punk, sino la construcción de una estrategia. Y sin reflexión, conversación (aunque sea con uno mismo) y una vaga noción de un horizonte hacia el que tender, entonces la estrategia no puede darse.
Jonh Lydon, emblema de los Sex Pistols, escribió en su biografía: “Lo nuestro no era un camino de auto destrucción. Era constructivo porque ofrecíamos una alternativa. No se trataba de una anarquía gratuita.” Este es sólo un testimonio, las palabras de un sobreviviente, y por ello mismo pueden parecer, a los fanáticos o a los fieles más radicales, sospechosas de rendición. ¡Amamos tanto a los muertos!, que cualquier sobreviviente nos da la impresión de ser un chapucero, un tramposo, alguien que no llevó su rebelión hasta las últimas consecuencias.
La autenticidad, pureza, coherencia —palabras tan amadas por el fanático— son nociones ideales, pero desde mi opinión imposibles de encarnar en una persona y mucho menos en un movimiento de arte. Cuando Paul Feyerabend arremete contra el método lo que busca es sustituir la noción rígida de conocimiento científico (método inductivo, inferencia lógica, materialismo) por una forma de conocer más amplia, desordenada, sorpresiva, dadaísta, relativista que abra caminos a la sensibilidad humana. Y cuando Witold Gombrowicz escribe un manifiesto contra los poetas lo que hace es una crítica a la pretensión religiosa y solemne de las artes. Tristan Tzara, en su manifiesto dadaísta hizo patente su repugnancia por la ciencia, su desconfianza en la comunidad y su rechazo a la filosofía que pondera el argumento y las palabras por encima de la sensibilidad y de la vivencia: por eso el dadaísmo es un retruécano y una diatriba del lenguaje que se orienta hacia la libertad.
La auto destrucción le concierne a quien la lleva a cabo, la inmolación es un espectáculo si no es anónima y silenciosa. Yo durante muchos años he sido atraído por grupos de la estirpe de Sex Pistols, Suicide, The Clash, Ramones, Dead Kennedys, Ministry y tantos otros que mantienen ese talante de anarquismo y actitud liberadora. Lo que sucede es que la música, el performance, la escritura son actos de estrategia y de crítica, aunque dicha crítica contemple la inmolación y la autodestrucción. Como toda emanación de un impulso primario el punk puede, con el fin de expresarse, tomar como vehículo géneros artísticos e indumentarias diversas, pero su manifestación si es inteligente e intuitiva permanecerá molestando y causando incomodidad.

