Gran Angular
Raúl Rodríguez Cortés
El Universal
La ignorancia de la ley y la manipulación informativa no llevan a conclusiones correctas. Y esto viene a cuento por todos aquellos que enfurecen, casi hasta el frenesí, porque AMLO no sale a decir públicamente que perdió la elección presidencial.
Esos frenéticos (seguramente muy presionados por un sin número de comentaristas políticos que, sabrá Dios por qué urgencias, enfatizan la estrategia de decretar fast track a un ganador inobjetable, avalado por contrincantes que reconocen su derrota) ignoran, o quieren ignorar, que encuestas de salida y conteos rápidos autorizados, incluso el famoso PREP del IFE, sólo aportan resultados preliminares para informar tendencias y la advertencia, hecha por el propio IFE, que de ninguna manera se trata de los resultados definitivos y que, por lo tanto, no tienen efectos jurídicos.
Los resultados oficiales los aporta el conteo de actas de los 300 distritos del país que se realiza hoy. La lógica dice que al conocerse el resultado de ese conteo oficial, es cuando debe darse paso al reconocimiento de derrotas, a la certeza de victorias y a las eventuales felicitaciones al ganador tanto internas como externas.
Pero también a partir de ese escrutinio de hoy es que se pueden impugnar los resultados, proceso para el cual existe un órgano jurisdiccional, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que, una vez que dirime tales impugnaciones, califica la elección y dictamina quién es el ganador, para lo cual tiene como plazo hasta el 6 de septiembre próximo.
Así que AMLO está en su derecho de impugnar la elección con argumentos y pruebas. Dicho de otro modo: un conflicto postelectoral no es producto de la necedad de un protagonista, sino un desacuerdo por demostrar, para lo cual existe una instancia judicial.
AMLO asegura que hay inconsistencias en 113 mil de las 143 mil casillas instaladas y ha pedido el recuento de los 300 distritos electorales, pues considera que hubo irregularidades e inequidad antes y durante los comicios.
La reforma a la ley electoral (a diferencia de hace seis años) sí prevé ahora el recuento de votos, pero sólo en aquellos distritos en los que la diferencia entre los contendientes más aventajados sea de 1% o menos. De acuerdo con el IFE, ese supuesto sólo aplica en 43 distritos: 19 relativos a la elección presidencial, 12 a la de senadores y otros 12 a la de diputados. Hablamos, pues, de aproximadamente 50 mil donde se hará un recuento voto por voto, hoy mismo en el escrutinio distrital, antes, por cierto, de las impugnaciones que vengan.
De manera que AMLO no está fuera de la legalidad ni violenta el pacto que firmó para respetarla. Va a caminar por senderos que marca la ley. En tanto, habrán de tranquilizarse esos frenéticos y quizás sumarse a la reflexión sobre estas elecciones que ya decíamos aquí, en la anterior entrega, fueron sin duda pacíficas y participativas.
¿Qué lecturas nos dan, entre otras?:
1. Que hay evidencias (mostradas cada vez con mayor insistencia en las redes sociales), de alteración de actas, compra y coacción del voto que involucra a los pobres pero también a oportunistas; de gastos desmesurados y del rebase del tope fijado para estas campañas.
2. Que Calderón y el PAN han sufrido una “derrota mayúscula”, en palabras del presidente de ese partido, Gustavo Madero. El blanquizul cayó de Los Pinos al tercer lugar.
Casi 73% de los mexicanos, esto es, tres cuartas partes, habrían votado en su contra. Castigan así la ineficiencia del gobierno de Calderón, el baño en sangre en que nos tiene sumidos, la devaluación del peso (de 9.40 a 14 por dólar), el castigo fiscal del IETU y el aumento del IVA, los gasolinazos, la caída de los salarios (casi tan bajos ya como los de China), el desempleo, la carestía y el encarecimiento de la tortilla (de 2.50 a casi 16 pesos el kilo), entre muchos otros desatinos. Calderón, sin embargo, se veía casi jubiloso al felicitar al priísta Enrique Peña Nieto, pues con él, gozará de impunidad, al igual que Fox.
3. Que las encuestadoras, acaso deliberadamente, se equivocaron. Crearon, durante meses, la percepción de un candidato del PRI adelantadísimo e inalcanzable, de un abanderado que llevaría a su partido a recuperar la mayoría en el Congreso, vamos, el carro completo. Esas encuestas le daban a Peña hasta 18 puntos de ventaja. Ahora han tenido que ofrecer disculpas pues resulta que tal ventaja —según los preliminares no oficiales— sólo fue de 6.5 puntos. Nada más se equivocaron en 11.5 puntos. ¡Ése es su rigor científico!
4. Que si los conteos oficiales y la calificación del TEPJF dan la victoria al PRI, EPN no será el Presidente fuerte que se pretendía, pues no tendrá, ni siquiera, la mayoría simple en las Cámaras del Congreso. Y es que 60% de los ciudadanos habrían votado por una opción diferente a él, esto es, tres de cada cinco no lo quieren.


