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Me recomendaron ampliamente el libro “Las Cinco Heridas que Impiden ser Uno Mismo” de Lise Burbeau. Confieso que muchas veces no alcanzo a comprender algunos principios metafísicos y que hay cosas que, como en todo lo que no logro asimilar de manera completa, me parecen inverosímiles.
SUSANA VALDES LEVY
mayo 17, 2011, 1:02 am

“Solo podrás cambiar aquello que seas capaz de reconocer”

Me recomendaron ampliamente el libro “Las Cinco Heridas que Impiden ser Uno Mismo” de Lise Burbeau. Confieso que muchas veces no alcanzo a comprender algunos principios metafísicos y que hay cosas que, como en todo lo que no logro asimilar de manera completa,  me parecen inverosímiles. No creo en todo lo que leo, pero creo en lo que me sirve. Sin embargo, hay muchas otras aportaciones que encuentro fascinantes y sobre todo, perfectamente lógicas.

La autora del libro hace una clasificación muy simple de cinco heridas, que en algún momento de nuestras vidas nos lesionan de manera tan profunda y tan dolorosamente que alteran nuestra personalidad, nuestro cuerpo, nuestro aspecto, nuestra percepción del mundo que nos rodea y por ende todo cuanto emana de nosotros en las múltiples expresiones espirituales, intelectuales, o físicas.

Dichas heridas resultan tan desgarradoras, tan atroces, que no nos atrevemos a verlas. Como no las vemos, no las reconocemos y en consecuencia, no nos ocupamos de sanarlas. Más bien, las ocultamos, primero de nosotros mismos y luego de los demás, con la esperanza de que nadie las note. Algo así como si quisiéramos barrer la basura bajo el tapete, algo así como el niño que se cubre la carita y piensa que con eso desaparece. Curioso es que, las heridas tienen manifestaciones muy evidentes de que ahí están, sangrantes, supurantes, infectadas. Pero, como todos las tenemos, lo común se vuelve  normal. Así aprendemos a no ver, ni en nosotros ni en los demás la sintomatología de esas lesiones.

Las cinco heridas que cita Lise Burbeau son: el rechazo, el abandono, la humillación, la injusticia y la traición. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido heridos en una o varias o todas estas cinco formas. Elegimos fingir que no pasa nada, que no duele, que no nos importa. Albergamos la esperanza de que al quien nos ha hecho mal, “se le va a regresar el daño con creces” (pensamiento que no es más que un deseo platónico de venganza), o peor aún, ejecutamos un plan de revancha, de desquite, fermentamos odio, rencor, resentimiento, enojo crónico. Y así, aprendemos a vivir a medias o a penas…más bien a penas.

Cuando la crisis de dolor negado pasa, se instala en nosotros el uso de máscaras que nos sirven para ocultar nuestra miseria. Para el rechazo, la máscara del retraimiento; para el abandono, la máscara que corresponde es la de la dependencia; la humillación usa la máscara del masoquismo emocional; la traición se encubre con un temperamento controlador y la herida de la injusticia nos vuelve rígidos e intolerantes.

Todas estas máscaras nos hacen presentar una cara que no es la nuestra. Por eso se les llama máscaras. Nos impiden conocernos y que nos conozcan. Nos impiden disfrutar de la vida, de nuestras relaciones con otras personas, de nuestro entorno y lo más importante, nos impiden disfrutar de la maravilla de ser quienes realmente somos.

Implica un gran acto de valor, atreverse a asomarnos a nuestro interior y a nuestra historia personal. Requiere de mucha humildad y de gran sinceridad reconocer nuestras heridas (independientemente de cómo, quien o bajo qué circunstancias se nos infringieron). Requiere de un enorme trabajo  personal reconocer las heridas y no buscar culpables, ni emitir juicios, ni lanzar condenas o aplicar castigos. Pero sobre todo, requiere de gran audacia e inteligencia, mantener clara la idea de que el objetivo es sanar, para entonces poder quitarnos la máscara y dejar que aflore nuestra verdadera esencia. Reconocer, perdonar, sanar y vivir plenamente es en resumen, el proceso a seguir. Este breve y simple proceso, ayudaría a terminar con una enorme cantidad de dolencias, miserias, tristezas, soledades, malestares y demás pocholacas. Vale la pena leer este libro, en lo personal, la tesis me parece interesante y útil para acercarnos un poco a una cierta higiene mental.

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