La Carpeta:
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Es un poco tarde, es cierto, pero tenemos que entender que ese es el único lenguaje que Trump entiende.
FELIX CORTES CAMARILLO
octubre 12, 2017, 8:24 am

El dólar superó ayer la tasa de veinte pesos por uno en México. Es la más grave devaluación de nuestra moneda en meses, aunque digan que es una revaluación del billete verde. No nos hacemos tontos. Sabemos bien que esas oscilaciones graves del mercado obedecieron a la una vez más desenterrada hacha de guerra de Donald Trump para darle en la madre al Tratado de Libre Comercio entre su país, México y Canadá. En una entrevista, Trump volvió a sugerir que si la renegociación no beneficia a Estados Unidos, lo mejor sería abandonarlo.

Yo creo que está, como decimos en el juego del poker, bluffeando. Pero lo que yo crea o piense no es importante. Lo que sí importa es lo que piensan y sienten los mexicanos ante estos desplantes.

Llevamos meses con el Jesús en la boca porque Donald Trump va a sacar a su país del TLCAN y las graves consecuencias que esto implica, en lugar de asumir seriamente una situación crítica y encontrar las diferentes soluciones que sin duda tiene. El mundo no se va a acabar si Trump se sale del tratado, aunque decenas de cámaras americanas de comercio le advirtieron ya de las graves consecuencias que para su economía tendrá el eventual retiro. Y comenzamos a volar la senda de la llorona.

Para México hay vida más allá del mercado norteamericano y el tratado de libre comercio; eso es lo que tenemos que entender para que la tranquilidad no venga a desbordar el tipo de cambio en las casas cambiarias.

Aunque sea un poco tarde, hay que renovar los abandonados vínculos comerciales con Europa y Asia: demasiado tiempo nos amarramos las manos con el cordón umbilical de Estados Unidos y ahora estamos pasando las angustias de esa atadura. Un poco tarde, el secretario Videgaray ha sido claro al decir que nos podemos levantar de la mesa si no nos conviene lo que ahí se pretende tratar y arreglar.

Es un poco tarde, es cierto, pero tenemos que entender que ese es el único lenguaje que Trump entiende.

PILÓN.— Ayer eran 17 los muertos en el motín de la cárcel de Cadereyta, en Nuevo León. Puede que el número llegue a más; podría yo decir que eso no importa, pero me daría vergüenza. Un muerto es demasiado, cualquiera que sea la causa y la herramienta de su tránsito. Pero lo cierto es que en este suceso lo importante realmente es el sustrato de violencia, corrupción y podredumbre que de cuando en vez se destapa en las cárceles mexicanas. De manera especial en las de Topo Chico y Cadereyta, ambas en Nuevo León.

Según la versión de medios, el conflicto inició como una protesta en contra del alcalde de la prisión, a quien vinculan con el grupo delictivo de Los Zetas. Es creíble. Los reos, repartidos por su pertenencia a diferentes organizaciones criminales, comenzaron matando a un adversario y prendiéndole fuego a su cadáver. Horas más tarde la riña resurgió y, según Aldo Fasci —vocero del gobierno para la seguridad— hubo de usarse “fuego letal”. Lo demás es historia.

Lo que pasa es que historia es lo que pasa y lo que queda, como cantaría Serrat. Las armas, drogas, corrupción, violencia, crimen y otras linduras siguen siendo la constante histórica de las cárceles mexicanas.

Y eso a nadie le importa. Todo mundo anda viendo quién es el candidato a qué y por quién.

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