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El puesto que deja Antúnez Pérez, abre condiciones para los reacomodos donde Carlos Guevara, jefe de escoltas del Bronco, y su “Guber”, policía cuasi alterna a los cuerpos de seguridad, se vuelvan, ahora sí y oficialmente, dueños de la “seguridad” de Nuevo León… y los negociazos que ello implica.
Jose Jaime Ruiz
abril 20, 2017, 8:28 am

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Ningún soldado renuncia. Si el General Cuauhtémoc Antúnez Pérez ha salido del gabinete del gobernador Jaime Rodríguez Calderón se debe a conflictos internos, pero sobre todo a la descomposición de los penales. Bajo el mando del todavía oficialmente secretario de Seguridad, los penales se convirtieron en un gran negocio a cargo de la mano derecha del General, al que se le conoce como el Mayor.

Como secretario de Seguridad, Antúnez Pérez provocó inseguridad, los delitos aumentaron: levantones, secuestros, extorsiones, producción de metanfetamina, trascendió, en los penales de Nuevo León, pero, sobre todo, el delito común se disparó a niveles alarmantes. Cuauhtémoc no quiso combatir la inseguridad: dejó hacer y dejó pasar.

Se sabe que un General no es corrido si no hay algo detrás que lo comprometa, pero nadie quiere lastimar al secretario con un escándalo, aunque, también trascendió, su Mayor es investigado por la Sedena. La ausencia y distancia de Cuauhtémoc en la visita del presidente Enrique Peña Nieto no es una distancia manifiesta con el Bronco, es una distancia con los propios generales, sus pares.

La división entre el cuerpo de Fuerza Civil y los soldados del General se manifestó en los disturbios del penal de Cadereyta. Fuerza Civil había replegado a los presos, pero el Mayor tenía que resguardar el negocio, las cuotas, las maletas. La “confrontación” entre Fuerza Civil y el Mayor fue la gota que derramó el vaso: llegaron a los golpes. Si Antúnez no se iba, Fuerza Civil paraba.

Si es cierto que en el Topo Chico se produce metanfetamina, la situación es más grave de lo que se pensaba porque aquí ya existiría una complicidad entre el crimen organizado y las autoridades de seguridad del Gobierno del Bronco. Cuauhtémoc no renunció, lo corrieron, aunque todo quede en sordina. Para su salida, al menos, debió de existir la anuencia de los altos mandos de la Sedena y de José Antonio Fernández (Femsa), quien lo impuso.

El puesto que deja Antúnez Pérez abre condiciones para los reacomodos donde Carlos Guevara, jefe de escoltas del Bronco, y su “Guber”, policía cuasi alterna a los cuerpos de seguridad, se vuelvan, ahora sí y oficialmente, dueños de la “seguridad” de Nuevo León… y los negociazos que ello implica. Esto se verá si Carlos logra imponer a su hermano, quien labora en García, en el puesto vacante.

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