Análisis
Laura Iturbide Galindo*
El Universal
Durante el primer trimestre del año, la economía mexicana presentó un mayor dinamismo de lo esperado, habiendo crecido 4.6%. Esto fue el resultado de que la evolución de la economía de Estados Unidos mejorara y permitiera reducir —parcialmente— las perspectivas menos favorables en el entorno económico mundial.
Asimismo, destaca la actividad en la industria manufacturera mexicana, la cual tuvo una evolución muy favorable en los primeros tres meses del año, presentando un crecimiento trimestral anualizado de 6.5%, frente a 3.1% observado en el último trimestre de 2011. El mayor dinamismo obedece a una serie de factores favorables, como: la cercanía al mercado estadounidense; la especialización que ha adquirido la mano de obra mexicana y la eficiencia en costos operativos. Empero, la fuerte depreciación de la divisa mexicana en estos tres meses (4.5%) también impulsó una mayor competitividad de los productos manufactureros mexicanos.
Estos elementos se unieron a un mayor gasto en los hogares estadounidenses, el cual tuvo un impacto también positivo en la producción manufacturera nacional. De igual manera, el consumo privado en México se vio favorecido por la expansión del mercado laboral (poco más de 345 mil nuevos empleos creados), el avance en el crédito al consumo y la mejoría en la confianza de los consumidores. Estos factores apoyaron la compra de manufacturas en el mercado nacional, ya que 60% de esta producción está destinada al consumo interno.
De modo particular, el sector automotriz mexicano también ha experimentado una expansión importante en los primeros meses del año. Esto coloca a México como el tercer mayor exportador de vehículos a Estados Unidos, alcanzando una participación de poco más de una quinta parte del total de las importaciones automotrices estadounidenses. Sin duda, no puede excluirse la depreciación de la divisa, en la generación de una mayor participación de mercado.
En tanto, la inflación anual ha evidenciado un aumento al ubicarse en 4.30% en la primer quincena de junio. Esta alza está relacionada, principalmente, por el efecto de un tipo de cambio elevado que influye en los productos importados, pero también con los incrementos en precios de los alimentos, que lideraron el aumento en la inflación.
Si bien es cierto que los precios internacionales de las materias primas se están ajustando a la baja y esto podría anticipar que durante 2012 la inflación será menor a la observada en 2011, la Junta de Gobierno del Banco de México permanecerá atenta a cómo evolucionen los mercados financieros internacionales, dada la gran incertidumbre que priva en éstos y, en caso de evidenciarse presiones generalizadas sobre los precios, no se podría descartar un ajuste a la política monetaria.
El repunte de la economía mundial en 2012, será otro factor muy importante para anticipar la postura de política monetaria que el Banco de México adopte y que hasta el momento ha sido la de mantenimiento de las tasas de interés.
En este entorno, la previsión de crecimiento para el PIB de México en 2012, de acuerdo a IDEA, es de 3.7% y de 3.6% para 2013. Por su parte, el pronóstico para la inflación anual en 2012 y 2013, es de 3.8% y 3.7%, respectivamente.
No obstante, aún persisten riesgos a la baja en el escenario de crecimiento para México. Se podrían mencionar tres factores al menos, que podrían dar origen a un entorno menos favorable:
1. La posibilidad de que la economía de Estados Unidos moderara aún más su crecimiento, que se estima en 2.3% en 2012 y 2.7% 2013, lo que afectaría negativamente el comportamiento del sector exportador mexicano y daría pie a un menor gasto interno. Esta circunstancia depende de si Estados Unidos decide hacer un esfuerzo de consolidación fiscal mayor a lo anticipado.
2. La falta de acuerdos en varias de las naciones emproblemadas, que pudiera agravar aún más la complicada situación internacional y que acabaría incidiendo en un menor crecimiento de la economía mexicana.
3. La ausencia de cambios estructurales en el marco de una nueva administración y el recrudecimiento de la inseguridad pública, podrían sumarse a los factores que afectan negativamente al aumento de la actividad económica.


