![]() Toledo en Monterrey: voces del artesano onírico Por Eloy Garza González / AGOSTO 10, 2008
Francisco Toledo entregó a Nuevo León La Lagartera y el acto es motivo de celebración artística. He tenido un encuentro con él, donde el caprichoso azar y lo fortuito juegan su parte. Es reacio al diálogo exegético pero le hurto algunas opiniones suyas sobre su obra que abarca el resto de sus facetas humanas: en su vida, el arte es una deidad omnipresente. Toledo inventa con pinceles, barro o planchas de grabado, sueños pétreos que luego convertimos en cuentos, chistes y vaciladas. Así, el espectador (tú, yo, nosotros) es también un creador: interpreta la metafísica insectaria del pintor y la explica bajo la lógica de la fantasía (de por sí cualquier lógica es fantasiosa). Nada más ajeno en su mundo que la entronización de las tecnologías.
“Veo destructora a la tecnología, pero a lo mejor esta opinión se debe a mi formación o a mis orígenes. Un pintor como yo utiliza las herramientas más antiguas, o sea, un palo con unos pelos de animales en un extremo: es una tecnología que se ha hecho hace cuatro mil años. Un día cierto hombre prehistórico tomó pigmento y lo revolvió con grasa animal. Yo no me valgo más que de esa tecnología. Nunca he ido más allá. Por otro lado, los coches, las fábricas, todo lo que genera contaminación es nocivo. Claro, al mismo tiempo, no se puede prescindir de las tecnologías. Hay una contradicción en lo que nos está matando y lo que nos está ayudando. Somos víctimas de las tecnologías.” Toledo inspira ocurrencias oníricas: monta una ecología ficticia con insectos sexuales, fálicos, vaginales, que podemos convertir en personajes. Nos erotiza lúdicamente. Nos inquieta con sus sapos y lagartos homoeróticos. Quien mira cada lienzo se clava en los murciélagos de miembros erectos y en los sapos libidinosos, espejos negros de nosotros mismos. Nadie se escapa: la naturaleza se impone. Mejor ríete porque igual te jodes. Me confiesa su opinión personal (que no por fuerza es la que refleja su obra) sobre los órganos sexuales, sublimados en arte: “Se puede hablar de la fecundidad, pero también veo la parte estética. Es una forma que tiene cierta belleza y es un símbolo de vida. En mi obra aparecen simbolismos de la fertilidad de ambos sexos, a diferencia de las manifestaciones artísticas de las civilizaciones antiguas de México, donde la iglesia destruyó la mayoría de estos simbolismos”. Surrealista sin buscarlo, mitómano con pies de plomo, juguetón de campo abierto, Toledo es un naturista por encima de etiquetas inocuas. La ciencia de la exactitud mineral volcada al exceso de la fantasía. Seres que flotan en un mismo mundo vegetal, a menudo en blanco y negro. Al final, detrás de un páramo, entre las avispas y los conejos, y las víboras y los tecolotes, se solazan las ánimas: una encarna en chapulín, otra se metamorfosea en cangrejo. Otro más en una pulga o en frijol o en grano de mazorca o en lo que se te hinche la gana que al cabo esto sí es metáfora vil. Actualmente, ¿qué vertientes ha tomado tu obra? Ojalá tomará vertientes, quiebres, pero no lo hace, sino que va recta. Bueno, por ejemplo, respecto de la exposición de homenaje al frijol, no todos los cuadros tienen que ver con ello, pero sí una buena cantidad de obras son dedicadas al fríjol y su forma. Y como historia personal te cuento que me estoy quedando sordo, porque de niño me metí un fríjol en el oído. Con esta historia personal quise hacer una exposición hace un par de años. La ilusión de tanto ser sobrenatural, chapucero y pagano, no es espantar al respetable; es copular con él; meterle mero adentro las antenas, las tenazas, la lengua larguísima y viscosa; regalarle el goce salado del reino animal y su reproducción violenta como copulación de murciélagos. ¿Por qué tanto murciélago chupando sangre de tu obra? Puedo decir muchas cosas del murciélago: es un animal mítico. Es uno de los dioses de los zapotecas. De niño me impresionaba verlos volar. Su estructura es bella, se eleva. También hay muchos mitos alrededor suyo, se le veía a veces repulsivo: son las alas de Satán, en la ideología europea. Los murciélagos antropomórficos de Toledo se carcajean: ¡Deja que te violen y parirás la materia viva de tus sueños! O mejor, tú que eres aficionado a ver cuadros, medita cada trazo, juega con las correspondencias ocultas y urde mil y un conclusiones, las que más te gusten, mi buen valedor, al cabo a los nahuales, ánimas bromistas, éter con ojos y rabo, les vale madre lo que pienses. Toledo no entiende por qué cuando el espectador se enfrenta a su obra, tiene que limitarlo a decir sólo que el mundo es mágico, que es mítico. La pintura es pura tinta, colores, formas, composición, imaginación. Hay muchas cosas para hablar de la pintura. ¿Te sientes bien reconocido como artista por la opinión pública? Mira, a mis 68 años yo ya soy una persona mayor. A mí no me cambia mucho el reconocimiento. De todos modos, existe gente joven y amable que cree en lo que soy. |
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