Muros y Puentes

Por Raúl Caballero Garcí­a* / MAYO 31, 2010

EJERCICIO EN TORNO AL JABULANI
noticias

Llegó el momento, cada selección se dice lista, cada jugador llega a Sudáfrica luego de haber trabajado mucho para ser seleccionado y aún para ganarse la titularidad.

La ilusión se hizo realidad, ya están en Sudáfrica 2010, el sueño comienza.
Cada futbolista, cada técnico, cada equipo quieren hacer su mejor papel en la Copa del Mundo. Todos quieren hacer historia. Cada himno nacional cobrará dimensiones trascendentes, cada bandera será vista con emoción, cada uniforme será portado con orgullo.

Pero además cada jugador sabe ahora que tiene una responsabilidad con su afición, con su paí­s, con su entrenador, con sus compañeros, con el futbol, pero sobre todo consigo mismo. Sabe que tiene la obligación de jugar y satisfacer, de sacar la garra, de echar el resto, de darlo todo en la cancha. El portero, el delantero, el defensa, el medio... cada uno tiene el compromiso de jugársela en cada acción, de hacer gala de su talento individual, de mostrar su fuerza e inteligencia, de dar rienda suelta a sus ganas, de ofrecer su lealtad al equipo, de sacar su honor personal y de asumir su peculiar manera de persignarse, de ver al cielo.

Y es que el futbol es un deporte que posee algo de Religión, es solemne, tanto que exige humildad; tiene atributos de Arte, es imaginativo y goza de libertad para la creación; en él se encuentran fundamentos de Ciencia, sus principios de conocimiento requieren erudición y maestrí­a; en su esencia guarda mucho de Filosofí­a, pues en su espacio se desplazan las ideas en busca de resultados.

El futbol está cargado de vida. Es un juego donde lo lúdico requiere destreza y la audacia ingenio. Es festivo, está lleno de diversión, es una festividad.

Pero también es un arte marcial que está lleno de guerreros, sus técnicos son estrategas que con sus tácticas despliegan un método para el combate, la victoria es su razón de ser.

El futbol en la Copa Mundial es un Espectáculo que conmueve al espí­ritu, que hace reí­r y hace gritar y hace llorar; que socava las pasiones; que conmociona y enamora. Es una Quimera que reproduce soñadores y magos que se desvelan adivinando marcadores. Es un Enigma que engendra filósofos que se queman el coco dilucidando razones. Es una Ciencia Social que produce memoriosos cronistas y disciplinados historiadores que recuerdan nombres y datos y goles y acciones y marcadores que extraen prodigiosamente del baúl del pasado. Es Leyenda en movimiento, es un Mito genial que se reinventa cada cuatro años para reproducir el asombro del mundo. Es una Fuente de Sabidurí­a que genera instantáneos analistas que editorializan, que reseñan, que discuten y discurren como si en ello les fuera la vida, la patria, el barrio.

Ya en Johannesburgo llegó el momento de jugar, de jugar con seriedad para lograr objetivos, de jugar con disciplina, de jugar para ganar, para avanzar, para disfrutar y gozar la experiencia de la Copa del Mundo; en tanto que los espectadores —esos fanáticos que juegan con el corazón desde las tribunas, desde las calles o sus hogares— vivirán entre emociones y decepciones, entre júbilos y tristezas la esperanza que representa cada buena jugada, la desesperación que significa cada falla.

Gritarán los goles y celebrarán los triunfos, se pondrán las camisetas, se pintarán con sus colores, enarbolarán sus estandartes, gritarán sus consignas, cantarán sus himnos. En cada momento, jugada a jugada, en cada partido explotarán entusiasmos, preocupaciones, alegrí­as, ansias, nuevas emociones... en cada partido nuevas emociones, distintas cada vez, reinventándolas, reviviéndolas, celebrándolas una vez más o de plano buscando azarosamente cómo superarlas, cómo enterrarlas cuando son dolorosas, buscando la manera de enfrentarlas y asumirlas y levantar la frente cuando la propia selección cayó.

Todos sabemos que cuando México y Sudáfrica den comienzo al primer partido, la humanidad habrá entrado a una dimensión muy singular, estará accediendo a otro nivel en el ámbito de lo exultante" en medio de un ambiente festivo en el que —llegado el momento— los festejos pueden dejar de ser sólo por un seleccionado porque ya se está bien adentro de la órbita del futbol mundial, y entonces lo celebrable será la mejor jugada, el mejor gol, el mejor equipo y así­ sucesivamente, grupo tras grupo, etapa por etapa.

En algún momento, los colores nacionales sin perder su perspectiva de origen, pueden ser internacionales.

Todo porque se trata del "juego del hombre", como decí­a el entrañable locutor Ángel Fernández, refiriéndose a "todo el que ama el futbol". Cómo no traerlo a la memoria en este momento en que la humanidad siente palpitar de nuevo un Mundial de Futbol, esta palpitación sentida sólo cada cuatro años, cuando el corazón vive su intensidad al máximo en torno al balón de futbol.

"El juego del hombre"" las palabras de Fernández no eran en el sentido machista del término sino que eran dichas en su sentido universal, el futbol como deporte planetario. El único capaz de detener guerras, de meter en la fraternidad a rivales ideológicos, de hacerlos rezar juntos sin importar sus creencias particulares.

El futbol como dogma, como creencia. El estadio como templo cuyo ritual se rige con las reglas del futbol vigiladas por el árbitro. La cancha como explanada de ceremonias cuya liturgia la ofician los entrenadores, esos profetas que hacen de la disciplina una virtud y pregonan el evangelio según la sinergia de cada equipo. La cancha, en fin, como piedra de sacrificios en aras de su majestad: El Gol.

Es el llamado de la gloria, el reto está delante, el desafí­o puede verse como una promesa y el campo de juego es el propicio para competir. Todos pueden llegar lejos pero sólo uno ganará La Copa.
Zoom in to the Close Up: El Adidas Jabulani.
La fiesta ha comenzado.
*Raúl Caballero Garcí­a es Director Editorial de La Estrella de Dallas-Fort Worth, Texas. ha publicado El agua inmóvil, poesí­a.
Comentarios a:

rcaballero@diariolaestrella.com






Sitiocom - Diseño y desarrollo web