Aquí, sólo football
Iván Pirrón
EL UNIVERSAL
A finales de la década de los 70 y principios de los 80, cuando comenzó mi afición por la NFL, no era ninguna ciencia predecir quién ganaría el Super Bowl. De 1981 a 1996, es decir de las ediciones XVI a la XXXI, la Conferencia Nacional ganó 15 de 16 Super Bowls, con un marcador combinado de 543-247, incluidas palizas de 46-10, 42-10, 55-10, 52-17 y 49-26.
En ese lapso, sólo los Raiders dieron la cara por la AFC, con aquella sorpresiva victoria de 38-9 sobre Washington en el Super Bowl XVIII.
La agencia libre y el tope salarial hoy pueden presumir de ser los responsables de una paridad sin precedentes en la NFL. El Super Bowl XLVI será el primero en el que sus invitados —Gigantes y Patriotas, por supuesto— ganaron sus respectivas Finales de Conferencia por apenas tres puntos.
Recientemente, el Super Bowl es, a diferencia de aquellos años 80, todo lo que los aficionados esperan de este evento: un partido dramático, que llega al cuarto periodo con el péndulo indeciso de hacia qué lado oscilará.
Los cuatro Super Bowls más recientes han cumplido cabalmente con ese requisito.
El año pasado, Green Bay no aseguró el triunfo sobre Pittsburgh sino hasta que llegó un pase incompleto en cuarto down, con 69 segundos en el reloj; Nueva Orleáns liquidó a Indianápolis con aquella intercepción a Peyton Manning a 3:12 del final del juego; los Steelers vencieron a Arizona con un pase de Roethlisberger a Santonio Holmes con 35 segundos en el reloj, y los Gigantes dejaron en shock a medio mundo (incluido quien escribe), cuando Eli Manning conectó en las diagonales con Plaxico Burress, también a 35 segundos del final, para descarrilar el tren perfecto de los Patriotas.
El de este domingo tiene todos los ingredientes para convertirse en un digno eslabón de esta cadena de thrillers.
Es más, veo tan parejos a Nueva York y Nueva Inglaterra, que pronostico que este será el primer Super Bowl que se decidirá en tiempo extra. Y que ganarán los Gigantes, 20-17.
En la Semana 9, los neoyorquinos propinaron la que ahora es la última derrota de los Patriotas, cuando Gigantes se impuso 24-20 en Foxborough, gracias a un pase de touchdown de Eli Manning a Jake Ballard, a escasos 15 segundos del final.
ALGUIEN TIENE QUE CEDER
Nueva York y Nueva Inglaterra son equipos que dependen del ataque aéreo, pero eso no quiere decir que Eli Manning y Tom Brady van a terminar el juego con 400 yardas y tres touchdowns cada uno.
No, no lo creo. Tom Coughlin y Bill Belichick saben que para ganar el Super Bowl van a necesitar mucha ayuda de sus defensivas. Ambos tienen cuatro claros e idénticos objetivos en mente: dominar la posición del campo, presionar al quarterback, evitar jugadas grandes (de más de 20 yardas) y forzar intercambios de balón.
Ni Gigantes ni Patriotas tienen el personal para frenar durante cuatro cuartos a Brady y Manning, respectivamente, pero sí para complicarles la existencia en la zona roja. De ahí mi teoría de que nos espera un juego de pocas anotaciones.
Le doy, sin embargo, una ligera ventaja a Gigantes, porque éste es un mejor equipo que aquel que derrotó a Patriotas en noviembre de 2011. En esa ocasión, Nueva York se impuso, pese a tres bajas importantes: el centro David Bass, el receptor Hakeem Nicks y el corredor Ahmad Bradshaw.
Bradshaw y Nicks han marcado diferencia en los Playoffs, particularmente Nicks, quien tiene 18 recepciones, 335 yardas y cuatro touchdowns en tres juegos de postemporada. Su promedio de yardas por recepción es un impresionante 18.6.
Nicks salió del Juego por el Campeonato de la NFC con una lesión en el hombro, pero el martes dijo que está listo para el Super Bowl.
Quien aún es una incógnita es Rob Gronkowski, el ala cerrada de Nueva Inglaterra, quien sufrió una fea torcedura de tobillo ante Baltimore en la Final de la Conferencia Americana.
Gronkowski, líder de Patriotas en los Playoffs con 15 recepciones, 232 yardas y tres touchdowns, es parte fundamental de la ofensiva del pase corto por excelencia.
Aunque ayer no participó en la práctica de Nueva Inglaterra, Gronkowski jugará el domingo, pero sólo Belichick sabe a qué nivel lo hará.
“Rob está mejorando. Creo que está progresando y mejorando cada día. Iremos día a día para ver de qué es capaz. No estoy seguro”, dijo Belichick.
Los Gigantes rápidamente sabrán si sólo es un señuelo, así que prepárense para uno de tantos conejos que brotan del sombrero del coach de los Patriotas, en caso de no poder contar con Gronko.
A Belichick le gusta probar nuevos esquemas, emplear jugadores de ataque en defensa (como el receptor/esquinero Julian Edelman) y buscará la manera de mostrarle a Eli algo que el quarterback no haya visto en las salas de video estas dos semanas previas al gran juego.
El héroe, eso sí, será el pateador de origen escocés, Lawrence Tynes, quien conectará el gol de campo de la diferencia en el quinto cuarto de una batalla épica en Indianápolis.
De legados y dinastías ya discutiremos el lunes. Ojalá no lo hagamos de los árbitros.

