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Mayo 19, 2017, 9:25 am

rio-doce

A mediados de febrero comenzaron a calentarse las cosas, y el pasado lunes 15 de mayo le pegaron en el corazón. Antes de que concluyera la primera mitad de ese mes, Javier Valdez Cárdenas entrevistó a un enviado de Dámaso López Núñez, El Licenciado. El texto se publicó el domingo 19 en el semanario Ríodoce.

Ese día, en cuanto el semanario llegaba a las tiendas de conveniencia o a las farmacias –sus principales centros de distribución– había quienes llegaban a comprar todos los ejemplares de un jalón.

Tienda por tienda, farmacia por farmacia y puesto por puesto, fue lo mismo con la edición que publicó en la portada una fotografía de López Núñez, quien se consideraba sucesor de Joaquín El Chapo Guzmán Loera al frente del cártel de Sinaloa. El semanario acompañaba la imagen con el título: “Responde Dámaso: no disparé a los Guzmán; soy amigo del Mayo”.

Esa entrevista es sólo uno de los incontables trabajos publicados por Javier Valdez y ya forma parte de las líneas de investigación que siguen las autoridades para tratar de esclarecer el homicidio del periodista, tanto de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle) como de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) de Sinaloa.

Mandos de ambas instituciones cuentan con información de lo sucedido el domingo 19 de febrero. El semanario fue distribuido a todo el estado y se entregó, como se hace de manera cotidiana, a los repartidores regionales, y éstos acudieron a cada comercio o farmacia.

Incluso obtuvieron alguna anécdota. En la zona de la sierra, un hombre recorrió los caminos estrechos –algunos con pequeños tramos de terracería– para repartir la publicación. En una de sus paradas, mientras él entregaba los ejemplares, junto a su moto se detuvieron dos camioneras tipo Cheyenne.

¡Órale, avánzale! ¡Ora si vas a tener escolta de lujo!, le gritaron desde uno de los vehículos. No le hicieron daño, no lo amenazaron, sólo lo urgían a entregar el semanario más rápido.

Los hombres que iban en las camionetas lo siguieron a todos los sitios donde paró y entregó ejemplares de Ríodoce.

Bajaban de los vehículos y luego de que el repartidor dejaba Ríodoce en los mostradores, sus escoltas de lujo recogían los ejemplares y pagaban el precio.

// La Jornada

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