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Destaca también el capítulo dedicado a la presencia del mueble poblano en diversas colecciones como la del Museo Franz Mayer. Este apartado describe algunas piezas correspondientes a la colección de mueble poblano que posee el museo. Sillones, mesas esquineras, bancas, baúles y cómodas, figuran entre la colección de muebles poblanos.
Staff
diciembre 27, 2011, 10:54 am

Con la llegada de Hernán Cortés a las costas del Golfo de México, en 1519, arribaron también bienes occidentales de uso cotidiano, muchos de ellos jamás conocidos en Mesoamérica como la silla de caderas, considerado el primer mueble europeo que llegó a México-Tenochtitlan.

Este mueble, que proporcionaba prestigio social e investía de un aura de dignidad a sus ocupantes, fue ampliamente reproducida por carpinteros españoles e indígenas, quienes eran adiestrados en las escuelas de artes y oficios de los conventos de frailes.

De acuerdo con la publicación “El Mobiliario en Puebla: preciosismo, mitos y cotidianidad de la carpintería y la ebanistería”, en la llamada Ciudad de los Ángeles, hoy Puebla, fue donde la silla de caderas y otros muebles europeos fueron ampliamente reproducidos.

La publicación, editada por la Fundación Mary Street Jenkins, rescata la historia e importancia del mueble poblano, en especial el manufacturado en esa ciudad virreinal entre los siglos XVI hasta los siglos XIX y XX.

De acuerdo con la investigadora Teresa Calero Martínez de Irujo, autora de uno de los textos de esta edición, el XVII fue un gran siglo para la industria inmobiliaria de Puebla. Entre los ejemplos más representativos menciona la cantidad de piezas mobiliarias que posee la Catedral de Puebla.

A lo largo de sus 191 páginas, diversos especialistas dan cuenta de la historia del mueble poblano, las técnicas con que fueron realizados, los grandes artistas mobiliarios, su calidad artística, así como la importancia de coleccionar y estudiar el arte de la ebanistería.

Coordinado por el arquitecto Francisco Pérez de Salazar Verea, la edición dedica un capítulo a la revisión de los archivos notariales, archivos privados y dictámenes que permiten conocer la fundación del gremio de carpintería, describen detalles del tipo de mobiliario fino y sencillo que formaban parte de los muebles de las casas poblanas, conventos y templos religiosos, algunos de los cuales aún se conservan.

El libro que incluye fotografías de piezas de carpintería y ebanistería, dedica un capítulo para hablar sobre el contexto del mueble en la historia de Puebla. En este apartado, el arquitecto Pérez de Salazar Verea describe las formas de decoración de las fincas, las casas construidas para el clero como la conventual, cuya decoración mobiliaria consistía en celdas y refectorios sencillos, según lo indicaba las reglas de humildad, pero que contaban con destacadas sillerías en sus coros, algunas de las cuales todavía se conservan, como la sillería de San Francisco y el paraninfo de los jesuitas en el Colegio del Espíritu Santo, sede de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

“Dentro de estos espacios tanto domésticos como religiosos quedaron testimonios indiscutibles de la originalidad regional del patrimonio poblano: la madera fue empleada en todo tipo de manifestaciones”, señala el arquitecto que coordinó el texto.

El autor hace un recuento de los estilos y materiales utilizados en distintas épocas. Para el siglo XVIII, la caoba se puso de moda con los estilos ingleses, mientras que a partir de la Independencia predominó el estilo neoclásico con influencias de Europa y Estados Unidos, sobresalían aquellos muebles decorados con temas frutales. El más popular fue el conocido como pera y manzana, que dejó notables ejemplares en Jalapa, Veracruz.

Catedral del arte virreinal

A lo largo de sus páginas e imágenes, el libro da ejemplos y descripciones de la decoración interior de las casas de Puebla, y muestra la forma en que el mestizaje cultural integró a la arquitectura la cantera, el ladrillo de Cholula, la mayólica la cal y arena de Mesoamérica.

La investigadora Patricia Díaz Cayeros, del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, dedica el capítulo “El ajuar virreinal de la Catedral de Puebla de los Ángeles”, a ofrecer una imagen del mobiliario en madera de la Catedral de Puebla que es ejemplo principal de la fabricación de esas piezas virreinales.

En otro de los capítulos, “La Taracea en su contexto histórico”, la investigadora María Judith Feliciano, propone nuevas vías de exploración aplicadas al estudio de la ebanistería novohispana. Según la investigadora, la taracea y su geometría son “el hilo continuo que enlaza al Damasco del siglo VIII con la Puebla del Siglo XVIII y vinculan a la técnica de incrustación geométrica con varias tradiciones artísticas vigentes antes y durante el virreinato”.

Destaca también el capítulo dedicado a la presencia del mueble poblano en diversas colecciones como la del Museo Franz Mayer. Este apartado describe algunas piezas correspondientes a la colección de mueble poblano que posee el museo. Sillones, mesas esquineras, bancas, baúles y cómodas, figuran entre la colección de muebles poblanos.

El libro concluye con cuatro ensayos que analizan otros muebles poblanos: “El estudio de un librero-escritorio de Virginia Armella de Aspe”, “El Mobiliario femenino, el inventario de un maestro herrero y dos contratos de maestros carpinteros: 1770-1790”, “Los muebles de Huauchinango en las fuentes documentales novohispanas” y “La casa de los abuelos”.

// El Universal

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