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Todos quedaron enojados con los resultados de las elecciones presidenciales. Quien sacó más votos no pudo siquiera celebrar y termina la elección con una oposición endurecida contra su partido y su persona.
Staff
julio 9, 2012, 9:45 am

Manuel Camacho Solís

(Coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México)
El Universal

Todos quedaron enojados con los resultados de las elecciones presidenciales. Quien sacó más votos no pudo siquiera celebrar y termina la elección con una oposición endurecida contra su partido y su persona. ¿Quién celebró en las calles su triunfo? La candidata y su partido, con todo y su voto duro y el ser gobierno, sufrieron una dolorosa derrota. El candidato progresista, paradójicamente es el menos golpeado: su campaña fue la más exitosa y su derrota va acompañada de cada vez más pruebas de inequidad y uso inmoral e ilegal del dinero para favorecer a su adversario.

Qué mal está la política nacional para que, aun con la maravillosa respuesta de los ciudadanos que siguieron con interés las campañas, salieron a votar masivamente y cuidaron la elección y los votos, no se pueda celebrar. La mayor prueba del fracaso es el enojo de los jóvenes.

Lo que pudo ser una fiesta terminó en un trauma. Aún no termina. El proceso será difícil y doloroso hasta para quien debería estar jubiloso con el resultado. Ya se pudo avanzar —bien— en el recuento de los votos, pero falta la parte más difícil: la calificación de la elección por el Trife y la protesta constitucional el 1 de diciembre.

Más allá del formalismo, cómo se va a legitimar la elección si se confirman el rebase de los topes de campaña, la distribución de millones de tarjetas de Soriana y el dinero de Monex. ¿Cómo se va a evitar que se viole la ley en el futuro si ahora se hace sin ninguna consecuencia? ¿Convencerá a los jóvenes y sus redes el argumento de que, en efecto, se violaron muchas leyes y la elección fue inequitativa, pero no hay nada que se pueda hacer? ¿Puede ser convincente el argumento de que para el futuro se reformará la ley para sancionar el uso ilegal del dinero cuando ya era ilegal y no se aplica la ley?

No, el asunto no está tan fácil. Todos tenemos una enorme responsabilidad por delante. AMLO y el movimiento progresista, de conducirse con estricto apego a la ley. Así lo estamos haciendo. AMLO no llamó a la resistencia civil el día de la elección. Dejó clarísimo que defendería el voto de sus electores que fue superior al de hace seis años y sus derechos políticos por la vía legal. Ha demostrado y reiterado que su movimiento es pacífico.

El gobierno y el PAN también tienen una responsabilidad mayor. El PAN ya ha señalado reiteradamente que EPN compró su elección. Pero que hará el gobierno: ayudará a que se esclarezcan los actos denunciados, entregando toda la información en su poder, y en su caso actuando, o se desentenderá para validar una complicidad.

¿Qué harán EPN y el PRI? ¿Seguirá Enrique Peña sosteniendo que la elección fue impoluta, como se lo dijo a la BBC, o empezará a reconocer el problema como paso necesario para cualquier solución y condición de cualquier diálogo sincero? ¿Los “shocks” que ha recibido por el enojo juvenil contra su persona y lo que representa, el cambio en el balance de poder que no esperaba y el camino cuesta arriba que tiene, lo harán reflexionar y aceptar la nueva realidad, o creerá que con declaraciones, más dinero y engaños él resolverá el problema?

¿Qué hará el Tribunal? ¿Jugar con el tiempo y cubrirse con la forma para salir del paso, o ayudará a que los ciudadanos crean en sus instituciones porque a través de ellas conocerán la verdad y corregirán las prácticas que degradan a la política? Si todos le concedemos que sea la última instancia, ellos están obligados a que, dentro de la ley, las conductas impropias no queden sin consecuencia. Si no hay un costo equivalente por violar la ley al beneficio de hacerse del poder, se seguirá deteriorando el Estado de derecho.

Quien no se dé cuenta de cuánto ha cambiado la situación en los últimos seis meses, y de la inconformidad social subyacente, difícilmente podrá gobernar y menos aun construir los grandes acuerdos que se requieren. La única manera de evitar el choque de los enojos es con transparencia y legalidad. Con cero declaraciones mentirosas y una alta dosis de generosidad.

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