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En 1999 la Real Academia de la lengua Española agregó “Chilango”, como gentilicio del DF, a su diccionario. Hubo una rápida reacción en la prensa a través de periodistas y escritores que mostraron su desacuerdo, pues lo consideraban despectivo...
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enero 27, 2012, 6:12 am
Cronista de guardia

Por Andrés Lajous

EL UNIVERSAL

El PRI y el Verde en el DF llevan varios intentos para bloquear el voto de mexicanos en el extranjero para las elecciones locales en la ciudad. El más reciente es la denuncia que puso un integrante del CEN del PRI, Daniel Aceves, ante el Consejo para Prevenir y Erradicar la Discriminación (Copred) del DF, y ante el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), en contra de la campaña de promoción del voto en el extranjero, “Voto chilango”. Aceves argumenta que el uso de la palabra viola sus derechos humanos porque, “se utiliza en la república de forma agresiva y con poco respeto... señalando la ciudadano del DF como una persona altanera, grosera, irreverente, irrespetuosa y desordenada”. Más allá del interés del PRI porque las y los chilangos en el extranjero no voten, la denuncia revive la discusión sobre si es buena o mala idea usar “chilango” como gentilicio del DF.

En 1999 la Real Academia de la Lengua Española (a la cual tal vez no le deberíamos de poner tanta atención) agregó “chilango”, como gentilicio del DF, a su diccionario. Hubo una rápida reacción en la prensa a través de periodistas y escritores que mostraron su desacuerdo, pues lo consideraban despectivo. José Emilio Pacheco, autor de un libro que para muchos es clave en la definición de la identidad chilanga, La batallas en el desierto, declaró a La Jornada que él nunca a nadie le había dicho chilango, porque “vale más no emplear términos despectivos hacia alguien, porque ese alguien puede hacer lo mismo en contra de uno” (10/05/99). El director de la Academia prometió retirar el nuevo gentilicio en las siguientes impresiones del diccionario.

Gabriel Zaid dedicó en aquel año una columna en Letras Libres tratando de rastrear su origen, y Nexos defendió el término como un caso de reapropiación en el que el uso coloquial de una palabra diluye su sentido despectivo para convertirse en orgullosa seña de identidad. Según una encuesta del Reforma en 2007, la tendencia que describía Nexos tenía sentido, pues 71% de los encuestados en la zona metropolitana no consideraba el término ofensivo.

Esto, asumiendo que ya se distribuía la revista Chilango con su público de 130 mil lectores, y el éxito del cover de “Chilanga banda” por Café Tacuba ya había cumplido más de 10 años. Algunos años antes, intentando imitar el acierto del gentilicio del Estado de México, mexiquense, la Academia Mexicana de la Lengua logró que se incorporara la palabra “mexiqueño” al diccionario de la Real Academia sin, por lo visto, mucho efecto en el uso.

Hoy tanto en el diccionario de la Real Academia como en el Diccionario del Español de México (a este tal vez hay que ponerle más atención), el término existe como el amable gentilicio del que cualquiera puede ser parte sin más requisito que la residencia.

Las discusiones sobre el tema en mesas de café, twitter, oficinas, y radios muestran lo peor de nuestras costumbres de discusión pública. La preocupación central suele ser quién sabe más del sentido original de la palabra chilango: si viene de huachinago, o del maya xilaan, o del náhuatl xillanco y si “en realidad” se usa erróneamente, pues se refiere a habitantes que vienen de fuera del DF a vivir aquí y no a personas nacidas en el DF. Menos atención se pone a cómo se usa cotidianamente y qué significa que con el paso del tiempo se haya generalizado su uso dentro y fuera del DF de forma cada vez menos estridente.

Este último fenómeno es el que resulta más interesante: ¿qué quiere decir que antes del uso de la palabra chilango no estuviera claro que existiera una identidad asignada a los habitantes del DF? ¿El proceso de construcción de la identidad sucedió primero en las artes (Jaime López, El Tri, Café Tacuba), después en los medios (Revista Chilango; Chilanguerías, una columna de este mismo periódico), y por último en las instituciones (RAE, DEM, IEDF)? ¿Hay alguna relación entre el uso generalizado de la palabra y la creación de instituciones de gobierno locales y electivas a mediados de los años 90? ¿Cómo vaciamos el significado de términos injuriosos para reapropiarlos y cambiar su uso? ¿José Emilio Pacheco le dirá a alguien chilango sin creer que lo está agrediendo?.

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