En México, aparte de Francisco Toledo y Vicente Rojo, no conozco pintores interesados realmente en la poesía. Esos dos, Rojo y Toledo, a semejanza de Tàpies, leen poesía, sostienen un diálogo permanente, en diferentes forma, con la poesía y los poetas, y a veces apoyan abiertamente proyectos y publicaciones. Cuestiones de talante, diría uno; yo prefiero decir: diferencias de espíritu.


